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22 abril 2009

Estrellas

Me gusta mucho la “Noche estrellada” de Vincent Van Gogh.

Desde hace un par de meses, a la que me descuido, me encuentro con él: a todo color en la página de alguna revista; en el comedor de la madre del asesino de “Las horas del día” ; presidiendo el salón de la casa del prota de “Soy leyenda”; enmarcado, con horrible gusto, en el escaparate de una tienda de decoración…

Si, a veces se dan esta serie de coincidencias…

Como lo que me ocurre últimamente que, por los cauces más variados, llegan hasta mí las ideas y conceptos que personajes más o menos conocidos, más o menos ilustres, han lanzado al viento y tienen sobre la felicidad:

La felicidad consiste en hacer lo que se debe hacer.
Don Francisco Ayala al cumplir 103 años.

Sólo un idiota puede ser totalmente feliz.
Mario Vargas Llosa.

La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria.
Cesare Beccaria.

Sólo hay una manera de ser feliz y es dejando de preocuparse por aquello que está fuera de nuestro control.
Epicteto de Frigia.

La felicidad consiste en poner de acuerdo tus pensamientos, tus palabras y tus hechos.
Mahatma Gandhi.

Sólo puede ser feliz siempre el que sepa ser feliz con todo.
Confucio.

La felicidad, la felicidad…

Alguien sabe dónde vive?

19 marzo 2009

Esencia


Sé que la actualidad manda y las noticias vuelan. Que algo ocurrido el 5 de marzo ya casi ni se recuerda el día 19 del mismo mes. Mundo disparado y disparatado este en que vivimos, mira tú.

Pero no puedo dejar de hacerlo. No señor. Tiene que ser esta, y no otra, la entrada que logre atravesar la espesa nata que, en este alargado mes, se ha ido formando sobre Chocolate al loro.

Gandhi dijo que no creía en la propiedad. Renunció a sus posesiones terrenales. Habló y predicó con el ejemplo (de qué otro modo puede hacerse) sobre la paz, la no violencia y la generosidad.

Conmueve ver el ascetismo que le rodeaba, la veneración de su pueblo, la convicción y coherencia de sus actos y la fuerza que irradiaba este hombre de aspecto frágil y voluntad acerada.

Los cinco objetos que componían el lote 364 sacado a subasta en Nueva York impresionan por su sencillez extrema y aún así parece que le pesaron, saliendo de sus manos y de su vida en forma de regalos.

Y aquí y ahora… Un millón ochocientos mil dólares…
Y aquí y ahora… Sus descendientes, el gobierno indio, el dueño de los objetos, la casa de subastas, el nuevo comprador… todos ellos arrogándose el derecho de poseer, disponer y exhibir. Acusándose sin freno los unos a los otros, contaminando el aire con sus mezquinos alientos.

Por suerte, la esencia de las cosas no tiene precio.

08 febrero 2009

Déjate llevar


Trenes en La India.


Transporte público Libia-Níger.


Transporte escolar en La India.



Transporte público en Cuba.

Utiliza el transporte público.
Vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir.

05 octubre 2008

Las edades del tiempo

En la medida en que vivimos, cambiamos. Es como si mudáramos la camisa. En este proceso, necesario para el crecimiento físico y personal, dejamos por el camino lo que ya no necesitamos junto con algunas piedras de colores que ya no podremos recuperar.

Si los cambios más evidentes, al menos desde el exterior, son los físicos, no menos trascendentes e irreparables son los de carácter personal. La forma de comprender el mundo que nos rodea cambia a medida que crecemos, maduramos y envejecemos.

Veamos, por ejemplo cómo cambia la percepción que tenemos del tiempo en las distintas etapas de nuestra vida.

Cuando eres niño el tiempo va de tu mano, siguiéndote los pasos, mientras se desliza lento y calmado.
Los días se componen de mañanas, tardes y noches. Y estas de horas. Las horas de minutos. Los minutos de segundos. Incluso los segundos son plenos y alargados, encontrándose repletos de risas, juegos, frustraciones, olores, estímulos, hambre, sorpresas, colores, rasponazos en las rodillas, besos, pinturas, meriendas, sueño, lágrimas, curiosidad, misterios… Segundos preñados de vida. Segundos que conforman minutos, y estos horas, y estas días con sus mañanas tardes y noches… así un día y otro y otro…
Las semanas, meses y años le vienen grandes al tiempo-niño. Se vuelve tan largo y lento que, prácticamente, pierde su cualidad de pasajero, esencia sin la cual no es nada y se diluye y estira a punto de dejar de existir.

Es el tiempo de la impaciencia y el ahora. El pasado y el futuro carecen de sentido.

Cuando maduras el tiempo te empuja. Siempre falta. Se hace escaso. Por lo general hay más cosas por hacer que tiempo para llevarlas a cabo. Es poco el que puedes emplear en cosas que te gusten. En esta etapa el tiempo se divide en trabajo, descanso, ocio, obligaciones, vacaciones, fin de semana, lunes martes…
En el tiempo-adulto las horas pasan a toda prisa, los minutos tan solo sirven para estar a punto de terminar algo o llegar tarde y los segundos son despreciados, pues no son prácticos ni tienen valor suficiente para ser productivos, por lo que acaban languideciendo vacíos y aburridos.

Es el tiempo de la prisa y el mañana. Si te descuidas, el futuro puede hacer que pierdas de vista el presente.

Por lo que me han contado, el tiempo de los viejos adquiere la capacidad de volar. Es ágil y huidizo como un pájaro. Has de estar muy atento para que no se te escape de las manos. Es tiempo para cuidarse y disfrutar. Tiempo de recoger frutos y saldar deudas, si alguna quedara pendiente. En el tiempo-viejo los segundos, minutos y horas pierden relevancia, quedándose pequeños y conformando medidas de tiempo mayores, reuniéndose hasta dar lugar a días, semanas, meses, años… Cuando quieres darte cuenta ya pasaron tres, diez, o veinte. El tiempo se va acumulando en los rostros de familiares y conocidos, y queda reflejado en las fotografías y en los espejos.

Es el tiempo de la paciencia. El futuro retrocede dejando vía libre al pasado y el presente.

Se ve que, a medida que nos hacemos mayores, tenemos la impresión de que el tiempo pasa cada vez más rápido, de tal forma, que si comparásemos esta percepción con un cronómetro en marcha, resultaría que el tiempo-niño estaría representado por las horas, el tiempo-adulto por los minutos y el tiempo-viejo por los segundos.

Sea niño, adulto o viejo, aprovechemos y disfrutemos nuestro tiempo!!

24 julio 2008

Calvos de ayer y de hoy




Antes las calvas eran un horror (excluyendo la de Yul Brynner, guapo donde los haya y adelantado a su tiempo) Los hombres se inventaban maneras de ocultarlas o disimularlas.

El peluquín, traidor por naturaleza ¡Que alegría cuando al llegar a casa te das cuenta de que lo llevas de medio lao! ¡Dios mío! Y… ¿desde cuando? Y no te digo nada los días de viento. Ese pobre hombre sujetándose la cabeza como si quisiera escapársele del cuerpo. Y los distintos tonos de color entre pelo y peluquín que parecía que un castor, o similar, había decidido que aquel era un buen sitio para anidar y echar una siesta. Lo dicho, un horror.


Otro método muy popular y que aún (sé que cuesta creerlo pero es cierto) tiene algún seguidor, es la famosa raya orejera (esa que sale directísimamente de la oreja) acompañada de su inseparable mechón media melena (ese que tras rodear todo el cráneo acaba recortadito justo encima de la oreja opuesta) Me parece que no es necesario dar más detalles porque, sin dificultad, estaréis imaginando el efecto en este momento.
¿No lo creéis? Pues sí amigos, la cosa todavía puede empeorar. En días ventosos el mechón media melena adquiere vida propia y se lanza en busca del viento. Patético.

Pero las cosas han cambiado y las calvas y los hombres también.
Ahora lo calvos no lo ocultan, al contrario. Muchos de ellos se rapan por completo al cero, uno, dos… según el gusto y la situación. Al no ocultar su calvicie han creado un estilo muy interesante, de hombre seguro de sí mismo.
Por fin se han dado cuenta de que el atractivo de un hombre no radica en su pelo. Va un poco más allá.
¡Enhorabuena!

Me hubiera gustado incluir en esta entrada fotos de algunos calvos reguapos que conozco, sobre todo para demostrar que no solamente los calvos famosos resultan atractivos, pero, lógicamente, ha prevalecido el derecho a la intimidad.


09 julio 2008

De esta no salimos



Después de pensarlo mucho he decidido no incluir en esta entrada ninguna imagen de toros muertos, mutilados o desangrados. Son muy impactantes, lo sé, pero me desagradan profundamente y lo que es más importante, me parecen una falta de respeto a estos impresionantes animales. Es fácil imaginar en que estado quedará esta belleza de toro tras pasar por estos utensilios de tortura. Chocolate al loro pone un granito de arena en su defensa.

A mí no me va nada, pero nada de nada, la fiesta nacional. Qué le vamos a hacer.
Ese toro imponente pinchado, desangrado, burlado, matado y muchas veces rematado, mutilado y arrastrado.
Me da pena y rabia pensar que ese precioso animal sale al ruedo a sufrir y morir. Sin escapatoria. Sin utilidad. Por capricho.

¿Cuál será el placer que un aficionado a los toros pueda sentir viendo una corrida?
¿Ver cómo un ser humano se juega la vida por dinero?
¿Ver cómo un animal, valiente e impresionante, de 600 kilos de peso se va desangrando y asfixiando, perdiendo poco a poco la vida en el ruedo?
¿Ver cómo a un toro se le clavan los más variados artilugios, algunos de ellos con adornitos de colores incluidos?
¿Será el bocata de caballa que se mete la afición entre pecho y espalda mientras disfruta del espectáculo?
¿O la litrona fresquita?
¿Será el brillante y ceñido traje del torero?
¿Serán las chulerías que muestran a veces los matadores, delante del toro, asfixiado y con la lengua fuera, chorreando sangre?
¿Preferirá el momento en que el diestro clava los 95 cm. de espada en el ancho lomo ya sangrante y malherido?
¿O quizás los mugidos de dolor del animal?
¿O cuando ya muerto lo enganchan a las mulillas y lo sacan arrastrando de la plaza?

Dicen que el torero se juega la vida. Es cierto.
Dicen que es un enfrentamiento justo. No lo es.
El torero entra voluntariamente en la plaza. A triunfar.
El toro entra obligado en la plaza. A morir.

04 julio 2008

Gracias por...


Hace poco, una amiga me dejó un libro titulado Gratitud, de Louise L. Hay. En el libro hay colaboraciones de varios amigos de la autora y cada uno cuenta una pequeña historia relacionada con la gratitud. En lineas generales el libro me pareció demasiado yanki pero alguna de las colaboraciones sí me parecieron interesantes:

Margaret Olivia Wolfson. El día más extraordinario.
Lamentablemente, nuestra falta de gratitud se manifiesta de muchísimas maneras, algunas no siempre evidentes. Por ejemplo, demasiados de nosotros vivimos de un modo acelerado, sin hacer caso de los esplendores de la vida, obcecados por una alucinante lista de actividades. Pasamos por paisajes bullentes de colorido pero casi no los vemos. Nos zampamos la comida sin dar las gracias ni siquiera en silencio al ser vivo que dio su vida para nutrirnos. Otras personas hacen cosas amables y útiles por nosotros y restamos importancia a su trabajo o no valoramos debidamente los servicios prestados. Arrojamos hermosos libros al suelo, indiferentes a sus cremosas y crujientes páginas llenas de sabiduría. Inmersos en las exigencias de nuestra vida personal, con demasiada frecuencia no hacemos caso de los amigos, familiares y colegas que nos apoyan en nuestro viaje por la vida, o les hablamos con dureza. Al sol, la fuente de nuestra existencia, solemos saludarlo con una maldición, un gruñido y una queja, viéndolo como un exigente intruso que nos ordena sacudirnos de encima el sueño y comenzar las actividades de un día no deseado.

Frank Richelieu. La gratitud y sus propiedades curativas.
La gratitud es como un imán. Atrae hacia nosotros lo que es igual que ella. Si, por ejemplo, estás echado en la cama porque te encuentras mal, expresa gratitud con respecto a la salud. Agradece la salud que tienes. Concéntrate en la paz y el bienestar que sientes en otras zonas de tu cuerpo. Cuando sufrimos una enfermedad de cualquier tipo, es especialmente importante pensar en la salud con gratitud y aceptación de lo bueno. Date cuenta de que la mayor parte de tu cuerpo está haciendo lo que tú deseas que haga. Elógialo y bendícelo. Tu cuerpo es renovable y recargable. La gratitud es como el fertilizante del árbol de nuestra vida. Favorece la salud y el crecimiento.
Cuando nos sentimos agobiados por un trastorno o una situación caótica, es el momento de pensar en la paz que hay en el corazón de lo infinito. Es el momento de llenar de paz la mente y las emociones agradeciendo la Ley y el Orden Divinos que existen en todo el Universo, convirtiendo así esa Ley y ese Orden en una posibilidad para nosotros también. Cuando nos llenamos de gratitud por la salud y la paz, aparecen las soluciones y la curación. [...]

Louise L. Hay. Oración de agradecimiento.
En el fondo del centro de mi ser hay un pozo infinito de gratitud. Lleno mi corazón, mi cuerpo, mi mente, mi conciencia y todo mi ser con esta gratitud, que sale de mí en todas direcciones, llega a todo lo que hay en mi mundo y vuelve a mí en forma de más cosas por las que sentirme agradecida. Cuanta más gratitud siento, más consciente soy de que la provisión es infinita. Expresar gratitud me hace sentir bien, es como un agradable calorcillo en mi vida.
Estoy agradecida por mí y por mi cuerpo. Agradezco mi capacidad de ver y oír, de sentir, saborear y tocar. Agradezco mi casa y cuido amorosamente de ella. Doy gracias por mis familiares y amigos y disfruto de su compañía. Agradezco mi trabajo y en todo momento le doy lo mejor de mí. Agradezco mis talentos y capacidades y los expreso constantemente de maneras que me satisfacen. Doy gracias por mis ingresos y sé que prospero adondequiera que vaya. Agradezco mis experiencias pasadas porque sé que forman parte del crecimiento de mi alma. Agradezco la naturaleza entera y respeto a todos los seres vivos. Doy gracias por el día de hoy y por todos los mañanas que han de venir.
Siento gratitud por la Vida
Ahora y siempre.

Siempre he sido una persona agradecida.
Sentirte agradecido por las cosas te hace ver lo que tienes en vez de lo que te falta, te hace ver el vaso lleno, te convierte en una persona afortunada, generosa y en contacto con tus semejantes y el Universo.
Yo también digo gracias de corazón.
Gracias por mi cama que es cómoda y calentita en invierno.
Gracias por los pájaros y los árboles.
Gracias por los gatos y los perros.
Gracias por la tortilla de patatas.
Gracias por mi familia.
Gracias por los amigos y los enemigos.
Gracias por la luna, el agua, los libros, la salud…
Gracias por el blog que en este momento tan especial de mi vida me permite relacionarme y comunicarme.

¿Y tú? ¿Tienes algo que agradecer?

25 junio 2008

Ejemplo

Hola a todos:
Uno de los Mandamientos que rigen mi vida es el de predicar con el ejemplo. A propósito de ello y mientras me daba una vuelta por el blog de Dani me encontré con un video que, la verdad, impresiona.
No os lo perdáis. Especialmente si tenéis hijos. Aunque si no los tenéis es igualmente válido. Nunca sabes quien puede ser receptor de tu ejemplo.
Si quieres verlo pásate por el siguiente enlace:
" http://www.mnbdani.blogspot.com/2008/06/futuros-adultos.html"
Un beso.